Libros, Películas y Estrenos de cine

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miércoles 1 de febrero de 2012

Reseña: Corazón rebelde (Scott Cooper, 2009)

Corazón cansado
Por Biblioteca

Hay cosas que se les deben exigir a directores y guionistas en relación a sus personajes, cosas cuyo incumplimiento hace que el armazón más espectacular se desplome como un castillo de naipes. No se trata de que el personaje triunfe, que se case con la chica apropiada o que la heroína de turno haga prevalecer la luz de la verdad sobre las tinieblas del mundo. Es algo más sutil, consiste en ser coherente con la evolución de esos personajes que han salido de sus chisteras.
Y viene esto a cuento por el ejemplar tratamiento que Scott Cooper hace del personaje de Bad Blake, interpretado por el oscarizado y casi siempre sublime Jeff Bridges en Corazón rebelde. Un personaje atascado en su planteamiento vital, náufrago de sus propias tormentas alimentadas con el whisky que se puede financiar en giras por tugurios de mala muerte. El perfecto exponente del odioso concepto de loser que el capitalismo tardío nos ha tatuado a fuego, y una variante dramática del Dude de El gran Lebowski (Joel Coen, 1998).

Hay momentos en que incluso un personaje de vida tan desbaratada como la de Bad, encuentra su oportunidad de luchar por lo que más quiere. Queda en sus manos (o las del guionista), tomar la decisión adecuada o no. Es, en esos momentos en que una película se la juega, cuando los intereses de personajes, espectadores y productores se despegan en una fractura abisal. Lo que el cuerpo nos pide que le ocurra al personaje quizá no sea lo más acertado para la película y, al revés, un guión cabal y coherente puede, en ocasiones, hacer que las derivas del héroe sean los grandes logros del relato. Tomar la decisión apropiada y que, además, ésta sea la más impopular, es una postura valiente, pues lleva asociada normalmente caídas en la taquilla. Pero no necesariamente en calidad.

Otro tratamiento que ha coqueteado con el descalabro, y lo ha hecho sin paternalismos ni sermones, es el de Jack Lemon y Lee Remick en Días de vino y rosas (Blake Edwards, 1962), aunque Blake Edwards se centra con fijación en los estragos del alcoholismo. El que se acerca, y supera, el enfoque de Scott Cooper es el que Mike Figgis hace de otro personaje metido en la autopista hacia la autodestrucción: el Ben Sanderson de Leaving Las Vegas (Mike Figgis, 1995), interpretado por Nicolas Cage. Un trato impecable por parte del director y guionista, que nos lleva de la mano a contemplar la caída sin remedio de un personaje con las cartas marcadas. Asistimos al último trayecto de Ben Sanderson-Cage en una cuesta abajo imparable y meditada, sin ningún tipo de concesión a la galería más allá de algo tan humano como el respeto y la compasión que rezuma (el momento en que Elisabeth Shue-Sera regala a Ben una petaca, es de los más conmovedores de la película). Este respeto y esa honestidad al tratar a su personaje es lo que marca la diferencia entre un director con criterio artístico o un director-productor con un criterio comercial. ¿Un winner?

Y por terminar y darle un poco de leña al concepto loser, decir que la canción de Corazón rebelde que ganó el Oscar: The Weary Kind, de Ryan Bingham, es de esas canciones que no salen de una vida llena de fastos y luminarias. Es una canción que tiene que ver más con el lado sombrío de la existencia, donde se cuecen las energías de la regeneración. Como en los momentos de crisis.
Y con ella os dejo.