M.Mar Osorio
Resulta fascinante pensar en lo que se puede querer a una persona simplemente por el hecho de pertenecer a eso que llaman familia. Sólo un hermano es capaz de hacerte reír cuando dos minutos antes discutía contigo como si de una partida de Street Fighter se tratase; y quién si no una madre tiene la ocurrencia de poner un plato de comida bien caliente en pleno verano y con todo conservar el amor de sus hijos. La familia es ese conjunto de personas que saben sacarte de quicio mejor que nadie y a las que a pesar de ello quieres porque son la sal de la vida. Tal vez Dennis Dugan se encontraba en una cena familiar cuando pensó que aquel escenario tan pintoresco podría trasladarse a un guión en forma de comedia. Sin embargo, lejos de resultar divertida, Jack y su gemela parece un chiste de los malos, uno de esos que provocan un silencio tal que puedes escuchar a los grillos reírse gozosamente de lo absurdo que es suplir la falta de ingenio con cameos de famosos de aquí y allá.
Ni el propio Adam Sandler pensó que un día estaría flanqueado por actores tan distintos como Al Pacino y Santiago Segura. Aunque más impensable aún es que, de entre todos los personajes extraños y singulares que se pasean por este film, un Al Pacino en decadencia sea lo más atrayente. Comprobar que el actor ha dejado la sensatez a un lado para convertirse en un personaje un tanto trastornado puede asustar al principio, pero Pacino no hace sino recordarnos que el talento también reside en la capacidad de asombrar, no sólo en los premios y en las glorias del pasado, y que no hay mejor comedia que burlarse de uno mismo, sobretodo a la hora de tratar con un público cada vez más maleducado - como ya han experimentado Hugh Jackman y la Orquesta Filarmónica. Todo lo contrario pasa con Adam Sandler, que no convence ni en el papel de Jack, por su sosa interpretación y algunas muecas fuera de lugar, ni encarnando a Jill. Es cierto que el personaje femenino provoca cierta simpatía, a pesar de representar al familiar molesto – ya sabemos que a la familia se la quiere a pesar de todo. Pero contemplar durante 100 minutos a Sandler ataviado con ropas de mujer no es más gracioso que ver a un amigo manteniendo el equilibro sobre unos tacones. Cuando la actuación del protagonista puede equipararse a la de Katie Holmes es que algo no va bien.
Y esto es así, Jack y su gemela reúne a un casting dispar porque es una película desigual en la que prácticamente todo y todos pasan desapercibidos, y cualquier reflexión subyacente se echa a perder. Incluso parece que la intervención de Santiago Segura va a dar un giro positivo a la historia, pero nada; “el mallorquín torrentoso” tiene una intervención fugaz y seca, ya no por su corto papel o por su interpretación, sino porque un par de chistes fáciles, unas cuantas escenas escatológicas de esas que siempre funcionan y unos diálogos carentes de gracia anulan la posibilidad de hacer de ésta una película ingeniosa e impacientan al espectador, el cual además de contar las veces que ha reído con los dedos de las manos, se encuentra siempre a la espera de la comedia prometida, en una contrariedad continua sin que su afán de entretenimiento se satisfaga.
Esta vez a la fórmula Dugan – Sandler le falta creatividad y le sobran chistes de pedos. Si bien el film desprende ese cariño que flota en los reencuentros familiares, el amor que te hace perdonar a un hermano cuando te rompe los juguetes y las ganas de reírse de todo - porque nada puede tomarse enserio cuando estás en el cine y a alguien le suena el móvil, o cuando las niñas juegan a ser muñecas - ni Al Pacino ni Johnny Depp vestido con una camiseta de Justin Bieber pueden conseguir que Jack y su gemela trascienda más allá de las paredes del salón, pues ése es el lugar idóneo para verla con un gran bol de snacks variados y rodeado de la familia una tarde de domingo.
Ni el propio Adam Sandler pensó que un día estaría flanqueado por actores tan distintos como Al Pacino y Santiago Segura. Aunque más impensable aún es que, de entre todos los personajes extraños y singulares que se pasean por este film, un Al Pacino en decadencia sea lo más atrayente. Comprobar que el actor ha dejado la sensatez a un lado para convertirse en un personaje un tanto trastornado puede asustar al principio, pero Pacino no hace sino recordarnos que el talento también reside en la capacidad de asombrar, no sólo en los premios y en las glorias del pasado, y que no hay mejor comedia que burlarse de uno mismo, sobretodo a la hora de tratar con un público cada vez más maleducado - como ya han experimentado Hugh Jackman y la Orquesta Filarmónica. Todo lo contrario pasa con Adam Sandler, que no convence ni en el papel de Jack, por su sosa interpretación y algunas muecas fuera de lugar, ni encarnando a Jill. Es cierto que el personaje femenino provoca cierta simpatía, a pesar de representar al familiar molesto – ya sabemos que a la familia se la quiere a pesar de todo. Pero contemplar durante 100 minutos a Sandler ataviado con ropas de mujer no es más gracioso que ver a un amigo manteniendo el equilibro sobre unos tacones. Cuando la actuación del protagonista puede equipararse a la de Katie Holmes es que algo no va bien.
Y esto es así, Jack y su gemela reúne a un casting dispar porque es una película desigual en la que prácticamente todo y todos pasan desapercibidos, y cualquier reflexión subyacente se echa a perder. Incluso parece que la intervención de Santiago Segura va a dar un giro positivo a la historia, pero nada; “el mallorquín torrentoso” tiene una intervención fugaz y seca, ya no por su corto papel o por su interpretación, sino porque un par de chistes fáciles, unas cuantas escenas escatológicas de esas que siempre funcionan y unos diálogos carentes de gracia anulan la posibilidad de hacer de ésta una película ingeniosa e impacientan al espectador, el cual además de contar las veces que ha reído con los dedos de las manos, se encuentra siempre a la espera de la comedia prometida, en una contrariedad continua sin que su afán de entretenimiento se satisfaga.
Esta vez a la fórmula Dugan – Sandler le falta creatividad y le sobran chistes de pedos. Si bien el film desprende ese cariño que flota en los reencuentros familiares, el amor que te hace perdonar a un hermano cuando te rompe los juguetes y las ganas de reírse de todo - porque nada puede tomarse enserio cuando estás en el cine y a alguien le suena el móvil, o cuando las niñas juegan a ser muñecas - ni Al Pacino ni Johnny Depp vestido con una camiseta de Justin Bieber pueden conseguir que Jack y su gemela trascienda más allá de las paredes del salón, pues ése es el lugar idóneo para verla con un gran bol de snacks variados y rodeado de la familia una tarde de domingo.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada